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". Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse." (Ac 2, 1-13).


". Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios." (Lucas 24, 50-53).


"Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; [...] Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado [...] contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan." (Lucas 24, 13-35).


"Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. [...] Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: « Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? » [...] "No me toques, que todavía no he subido al Padre." (Jn 20, 11-18).


"[...] Va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: « Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. » Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro [...] Entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó" (Jn 20, 1-10).


"José de Arimatea [...] pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo. Fue también Nicodemo [...] con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas [...] En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. " (Jn 19, 38-42).


" En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron. Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos [...] " (Mateo 27, 51-54).


"Junto a la cruz de Jesús estaban su madre [...] Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: « Mujer, ahí tienes a tu hijo. » Luego dice al discípulo: « Ahí tienes a tu madre. » [...]. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: « Tengo sed. »[...]. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: « Todo está cumplido. » E inclinando la cabeza entregó el espíritu." (Jn 19, 25-30).


"Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: « Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echando a suertes.[...] También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate! » Había encima de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos." (Lucas 23, 32-37).


"Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús. Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: « Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. [...] Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará? » " (Lucas 23, 26-31).


"Se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, sumos sacerdotes y escribas, le hiceron venir a su Sanedrín y le dijeron: « Si tú eres el Cristo, dínoslo. » El respondió: « Si os lo digo, no me creeréis. Si os pregunto, no me responderéis. De ahora en adelante, el Hijo del hombre estará sentado a la diest

ra del poder de Dios. » . Dijeron todos: « Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios? » El les dijo: « Vosotros lo decís: Yo soy. » [...]" (Lucas 22, 66-71).


"Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle,  sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido." (Juan 13, 2-5).


"[...] Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: « Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios. » Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío. »." (Lucas 22, 14-20).


"[...] « Señor, ¿quién es? » Le responde Jesús: « Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar. » Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: « Lo que vas a hacer, hazlo pronto. » [...] En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche." (Juan 13, 21-30).


"[...] una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres [...] « Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas;  y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada. [...]" (Lucas 10, 38-42).


"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: « Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos. » Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: « Entonces, ¿quién se podrá salvar? » Jesús, mirándolos fijamente, dijo: « Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible. " (Mateo 19, 23-26).


"Le presentaban también los niños pequeños para que los tocara, y al verlo los discípulos, les reñían. Mas Jesús llamó a los niños, diciendo: « Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él. "  (Lucas 18, 15-17).


"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles [...] él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos [...] Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros [...] Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles." (Mt 25, 31-46).


"El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. "

" También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra."  (Mateo 13, 44-46).


"Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran." (Mateo 7, 13-14).


"Un hombre [...] cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo.  De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión [...] Díjole Jesús: « Vete y haz tú lo mismo." (Lucas 10, 30-37).


"Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí [...]" (Juan 10, 11-14).

  


"Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él.  [...] y de la nube salía una voz que decía: « Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle. » " (Mt 17, 1-8).


"Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» [...] Jesús les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra» [...] se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos [...] Jesús le dijo: Vete, y en adelante no peques más". (Juan 8, 1-11).


"Y sucedió que mientras él estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos y él les preguntó: « ¿Quién dice la gente que soy yo? » Ellos respondieron: « Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado. » Les dijo: « Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? » Pedro le contestó: « El Cristo de Dios. » Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie". (Lucas 9, 18-21).


"Jesús les respondió: « En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. » Entonces le dijeron: « Señor, danos siempre de ese pan. » Les dijo Jesús: « Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed." (Juan 6, 32-34).


"[...] Le dicen los discípulos: « ¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande? » Díceles Jesús: « ¿Cuántos panes tenéis? » Ellos dijeron: « Siete, y unos pocos pececillos. » El mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron  [...]" (Mateo 15, 32-38).


"Este día, al atardecer, les dice: « Pasemos a la otra orilla. » Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. [...] El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: « ¡Calla, enmudece! » El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza." (Marcos 4, 35-41).


"[...] « Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite [...] Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. [...]" Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora." (Mateo 25, 1-13).


"Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada [...]"  (Lucas 6, 47-49).


"Jesús decía: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo [...]" (Lc 6, 20-23).


"[...] En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de él. [...]  Jesús [...]  dijo al paralítico -: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". » Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios " (Lc 5, 17-24).


"Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: « Dame de beber. » [...] « Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva. ». « Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna." (Juan 4, 7-14).


"[...] Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: « No tienen vino. » [...]  Les dice Jesús: « Llenad las tinajas de agua. » [...] Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino [...] le dice: "Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora." (Juan 2, 1-11).


"Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: « Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres. » Al instante, dejando las redes, le siguieron." (Marcos 1, 16-20).


"A continuación, el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían." (Marcos, 1, 12-13).


"Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José, hijo de Helí [...]  hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Nerí, hijo de Melkí, [...]  hijo de Natán, hijo de David, hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Sala [...]  hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lámek, hijo de Matusalén, hijo de Henoc, hijo de Járet, hijo de Maleleel, hijo de Cainam, hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adam, hijo de Dios". (Lucas, 3, 23-38).


"Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: « Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? » [...]. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco." (Mateo 3, 13-17).


"Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:  « Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos. »  Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre [...]" (Mateo 3, 1-12).


"[...]Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor [...] Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo [...] Movido por el Espíritu, vino al Templo [...] y bendijo a Dios diciendo: « Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz;. porque han visto mis ojos tu salvación [...] " (Lucas 2, 21-35).


"[...] Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento [...]." (Lucas 2, 1-20).


"[...] Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús [...]" (Mt 1, 18-25).


"En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: « Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu senor! "  [...] (Lucas 1, 39-45).


"Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". [...] " vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo" [...] (Lucas 1, 26-38).

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